viernes, 28 de agosto de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Un asiento de Champions

Cambiarse de localidad en el Calderón es como comenzar el curso escolar en un nuevo instituto. Que sí, que los asientos están igual de sucios arriba que abajo (no han debido de tener tiempo de adecentarlos un poquito), que los baños dan el mismo asco que los de una sala de macroconciertos, aunque los nuevos tienen mayor profusión de telarañas y algo más de variedad entre sus inquilinas…
Además todos sabemos que los especímenes que pueblan nuestra grada se repiten cada tantos metros cuadrados: el señor del puro, la señora que grita, los tres jevis que comparten porros, el gordo con la equipación de Puma, los dos hermanos de gafas que llevan los cascos puestos, el chico de Fuenlabrada que se come un bocata de 19,69 pulgadas repleto de salchichón, el entrenador frustrado o el calvo que tiene tirria a un jugador y desea compartirlo cada medio minuto con todo el estadio.
Pero aún así, aunque el escenario y el atrezzo sean parecidos, debutar en un nuevo asiento no deja de ser como enfrentarte a nuevos compañeros de pupitre que llevan juntos muchos años. Y sabes que si tienes suerte caes cerca de los jevis, los hermanos y el chico de Fuenla y si la tienes mala… el calvo, el entrenador y la señora te dan la temporada.
La verdad es que he tenido suerte. A mi derecha, se sienta Alberto, que aunque todavía no se ha hecho con la elástica de Asenjo y está preocupado porque en la página china donde las compra no tengan su nombre, en los primeros 10 minutos ya había compartido con todo el sector 214 su procedencia palentina y su debilidad por el nuevo portero, las pipas Facundo y el Cristo del Otero. Me ha prometido demostrarme matemáticamente porque el Fondo Sur y el Fondo Norte no pueden entonar el mismo cántico de forma sincronizada. Ya les contaré.
A mi izquierda una chica muy mona con una indumentaria muy inadecuada para un día de partido. Inadecuada para mí, claro, que el resto de la grada y su orgulloso acompañante la encontraban de lo más apropiado para este tipo de espectáculos. Delante otras chicas (cada vez más chicas jóvenes en el Calderón, qué alegría) y atrás, el típico grupo de amigos de toda la vida que tienen motes propios para cada jugador, que recuerdan anécdotas de sus partidos juntos y que nos marcan su territorio nada más llegar.
- ¿Asenjo?, ¿Asenjo os gusta?, pero si tiene el culo gordo. Perdón, tiene el culo muy, muy gordo.
- Bueno sí, es que mi amigo es de Palencia y nosotros entonces somos de Asenjo, pero también somos de Johny, de Maxi y de Raúl García (de lo de Jurado no digo nada, porque es el primer día y hay cosas que nunca pueden decirse los primeros días sin que puedas granjearte la desconfianza de los demás de por vida).
- Pues muy bien, chavales, nosotros somos también de Johny, pero también de Antonio López y Assunçao. Bienvenidos a este sitio, aunque en vuestros asientos caen todas las pipas de arriba y tenéis una gotera justo encima.
- Pues muchas gracias. No te preocupes que allí arriba también teníamos lo nuestro.
Y acaba de empezar el partido y a los cuatro minutos te das con ellos el primer abrazo de celebración. De esos abrazos que se dan en el fútbol… porque esto es como en la Iglesia que das la paz a la venerable ancianita de al lado, aunque sospeches que no riega sus plantas y es de las que se cuela en la cola del súper.
La verdad es que fuera del Calderón, nadie me ha abrazado así, con tanta efusividad y alegría. Ni siquiera mi padre cuando me saqué a la quinta el carné de conducir, ni mi madre cuando le anuncié que definitivamente me marchaba de casa. Abrazos que unen a la milf con el jevi y al chico de Parla (¿o era de Fuenlabrada?) con el señor mayor que remata el abrazo con una cariñosa colleja.
Y a los cuatro minutos ya te sientes como en casa, como si desde ese mismo asiento hubieses visto aquel gol de Alemao o llorado cuando nos eliminó el Sión.
El resto del partido transcurre plácidamente. Poco fútbol para comentar, lo suficiente para meternos en la Champions, la de verdad, la buena y garantizarnos tres nuevas noches europeas. Que algunos lo celebran como si fuese un logro más que una obligación, aunque bien pensado el chico ese del chándal (sí hombre, el de Fuenlabrada) no ha conocido otro Atleti que el que nos robaron los Gil, no es cuestión de avinagrarle su fiesta.
Y se ve un encuentro que certifica que con el once titular podremos ganar muchos partidos, pero que si no llegan refuerzos vamos a pasarlo mal. Un partido para que veamos que Heitinga puede dar mucho juego en el lateral. O para que podamos pensar que por fin llega a la portería un sucesor a la altura de Molina. O para que recemos por tener al Kun durante muchos años y siga marcando goles como el segundo de ayer.
Porque cuando menos te lo esperas. Termina el primer partido del nuevo curso escolar y abandonas contenta tu nuevo asiento, mientras los de atrás siguen bromeando, el señor apaga su puro y los dos hermanos de gafas se hablan por primera vez – ya en las escaleras- para comentar con profusas estadísticas y datos contrastados las distintas posibilidades que nos pueda deparar el bombo el próximo jueves.
Estamos en Champions. En un asiento de Champions.
lunes, 24 de agosto de 2009
Simao y la zona Cesarini

Toda la gente que ha conseguido dejar de fumar suele contarte cómo lo lograron. Lo hacen desde una atalaya de superioridad moral, del que se sabe mejor por haber conseguido lo que el resto de mortales apunta en su lista de “deberías” una y otra vez, y también, claro, para brindarte consejos y apoyo en tan difícil tarea.
Ya no es como antes que los hombres te contaban su mili y las mujeres sus partos, ahora lo que prima son las experiencias vitales de quien consiguió apartarse de tan terrible adición: “Ocho años sin fumar ya” o “un día dije que me fumaba el último Ducados y hasta hoy” o “nada, sin chicles ni mariconadas, el caso es echarle huevos”.
Y te relatan historias distintas con final feliz (los fumadores, claro, no solemos referirnos a nuestros continuos fracasos) y todos coinciden que es cuestión de pasarlo mal durante una semana y que a partir de entonces todo empieza a mejorar.
Así que ayer se cumplía una semana desde que dejé de fumar. En menos de media hora, en cuestión de minutos podría haber pronunciado el “llevo una semana sin fumar” y justo cuando entraba en la “zona Cesarini” y tras siete días de angustia, insomnio y mal humor le dije a mi amiga Tere que me dejase encenderle su LM. Un LM que nunca se llegó a fumar.
Descubrí hace poco que la zona Cesarini son los últimos minutos antes de que algo acabe, una especie de sinónimo de “in extremis”. La expresión fue acuñada por un periodista italiano que narraba las peripecias de un futbolista especializado en marcar goles en los instantes finales de los partidos. Luego la expresión trascendió del fútbol a otros deportes e incluso a otros ámbitos de la vida para que a los que nos gustan estas tonterías podamos usarla prácticamente a diario.
- En segundos, estoy en zona Cesarini
Renato Cesarini fue un futbolista italiano que se crió en Argentina y que consiguió triunfar en los dos países. En los años 30 vistió la camiseta de la Juventus y fue internacional con la selección italiana con la que consiguió la Copa del Mundo de 1934. Cuenta mi amigo Tacitus en su blog que en su regreso a Argentina llegó a jugar en River y que, más tarde como técnico, fue uno de los forjadores de aquella delantera de ensueño conocida mundialmente como la máquina.
Ayer por la noche, mientras fumaba con deleite en la terraza de la cocina me puse a reflexionar en los goles del Atleti conseguidos de esta forma, en zona Cesarini. Los dos del año pasado contra el Barcelona o el Villareal, el que le marcó Arteche al Betis en aquella remontada épica y muchos otros que no consigo recordar (ayúdenme ustedes)… Sin embargo, hay uno que no olvidaré mientras viva y es el que consiguió Simao en aquella primera fase de la Copa de la UEFA frente al rival que nos visita mañana.
El empate nos valía y ese gol sólo serviría para clasificarnos como primeros de grupo y esquivar a rivales más complicados (luego fue el modesto Bolton el que nos dejó en la cuneta, pero eso ya es otra historia). Sin embargo, lo recuerdo como uno de los goles más intensamente vividos por la grada, más coreados, más celebrados… más sentidos.
Tiempo de descuento. Falta al borde del área. Simao que se apresura a coger la pelota, la coloca despacio, mira hacia el cielo, dispara y el balón entra limpiamente por la escuadra sin que su portero pueda hacer nada. Un gol perfecto.
Mañana esos griegos del Panathinaikos que se fueron cabreados al vestuario hace dos años nos visitan de nuevo. Parece que traemos un buen resultado y que el equipo no está jugando mal. Faltan pocas horas para volver a ver fútbol europeo en el Calderón, estadio que también ha iniciado su particular cuenta atrás. Queda muy poco para escuchar de nuevo ese himno y ver a unos niños agitando una lona. Unos instantes para volver a sentir ese cosquilleo en el estómago y rezar por goles que como aquel de Simao conviertan una noche de fútbol en una noche de magia. Entramos señores, en zona Cesarini. En zona Cesarini para volver a disfrutar de lo que más nos gusta.
jueves, 20 de agosto de 2009
Rupturas y reencuentros

Y tiene mérito, se lo juro. Ver la primera hora de juego del Atleti sin fumar ni dormirse, no encenderse un cigarro para celebrar los goles y no salirse a la terraza para dar unas caladas furtivas cuando el vecino vikingo canta los goles de los griegos. Pero lo más difícil ha sido salir hoy a desayunar, ver la portada del Marca y no llevar un mechero con el que prenderla fuego. Que mande en portada un partido amistoso del otro equipo de la capital y no el primer partido de Champions de un equipo español es una afrenta más en la larga lista del periódico que maldirige el Sr Inda, aquel que destapaba los desmanes de los giles en El Mundo y que ahora hace el Marca más mediocre de su historia. Un diario que basa la información del Atleti en rumores infundados, notas de prensa impropias del becario más bisoño y lo que es peor… en hacerle el juego a una directiva, la atlética, tan nefasta como la que está al frente de ese periódico.
En fin, que también me había prometido no volver a escribir en el blog mientras no tuviera nada nuevo que decir y sin embargo aquí estoy. Que sí que todavía no he hablado de dinamita, pegada, delantera de lujo e incertidumbres en defensa. Pero denme unos renglones y les hago una crónica clavadita a la del Shalke o a la del Erciyespor turco aquel que nos tocó en suerte hace dos años.
Quizás el Atleti de ayer tuvo algo más, poco, que los destellos de los goles y se vio un equipo más conjuntado, algo más cercano en sus líneas. Con un Maxi (un gusto tener que esperar tan poco para cerrar tantas bocas) a la altura de su mejor versión y que sirvió de enganche con los dos de arriba además de encargarse de abrir el marcador. También me gustó el centro del campo con Raúl García y Assunçao repartiéndose perfectamente los papeles y las tareas. Y en defensa…. En defensa lo de siempre… si Antonio López estuvo bien y Ujfalusi francamente bien, Heitinga y Juanito tuvieron fallos de los que te hacen santiguarte y suspirar.
¿Qué más? Ah sí, que Asenjo apunta maneras de portero de los que me gustan de esos que pueden hacer una parada con total facilidad desplazándose un paso a la derecha pero que prefieren adornarla con una palomita espectacular que para eso han estado una hora colocado (bien colocado) bajo los palos sin salir en la tele. Y Jurado… ¿No le ven como más hecho?, como el vecino del primero que se iba a la mili y a la vuelta había crecido tres palmos y le había salido bigote. Pues eso, que en este blog declarado “juradista” desde siempre brindamos por el regreso del chaval y le deseamos la mejor de las suertes para convertirse en algo más que el mejor peinado de la primera división española, que no es poco.
Así que ya he validado el abono para el partido de vuelta y he pagado los 20 euritos del último desmán de los del palco que se hartan de decir en la prensa que este año se mantiene el precio de los abonos y luego nos cobran un encuentro que siempre había sido de los de no pasar por caja. Una vergüenza, señores. Pero que le vamos a hacer, no voy a ser menos que Gonzalito Miró y si él puede ir al palco griego como representante del Atleti, no me voy a quedar yo sin estrenar mi nueva localidad y reencontrarme con los amigos. Reencuentro con ustedes después de tanto tiempo, reencuentros en la grada, reencuentro con las ilusiones de siempre, todavía intactas y sin un triste Marlboro para encenderme. Elegí un mal día para dejar de fumar.
martes, 10 de marzo de 2009
El empate

Iván dice que es de los dos equipos. ¿Se lo pueden imaginar? Primero del Madrid y un poquito menos así – dice juntando los dedos y guiñando sus ojos azules – del Atleti. Hace unas semanas, y previa autorización paterna, que con esas cosas no se juega, le hice socio infantil del Atleti y viene a algunos partidos con mi hija. También es socio del Madrid, no se vayan a pensar, y visita el Bernabéu un par de veces al año. Así que su padre y yo (que cuento con la complicidad de su madre, mi amiga Chusa) tenemos una lucha perpetua por hacer a Iván de nuestro equipo, de la que él, la verdad, pasa olímpicamente.
Paula no. Paula lo tiene clarísimo. Vive rodeada de atléticos. Su abuelo le cantaba el himno desde que era una recién nacida y paradójicamente, el 80% de los niños de su clase, con el profesor a la cabeza, son atléticos como ella. Paula que el año pasado salió llorando de casa de Iván, el día que el Kun Agüero marcó al principio del partido y el Atleti acabó perdiendo, el sábado parecía contenta. Cuando volvíamos a casa de la mano y yo todavía no sabía si estaba orgullosa, decepcionada, cabreada o esperanzada por lo que habíamos visto en la tele. Me apretó la mano fuerte y me dijo bajito que quería que el Atleti empatase. ¿Por qué, hija?, le pregunte extrañada. Porque así nadie se ha disgustado, me contestó cargada de razón.
Me miro en ella y me da un poco de vergüenza ver en lo que me he convertido. Que hoy, con un montón de amigos y compañeros en Liverpool estoy deseando que el Madrid quede fuera de Europa, mejor si es con gol de Torres. Espero que mi hija no herede ese antimadridismo porque eso significara que su Atleti, el que mañana se enfrenta al Oporto, pesa lo suficiente como para fijarse en el resto de equipos.
martes, 3 de marzo de 2009
Futbolistas ¿comprometidos?

¿Y qué ocurre en el caso de los futbolistas de nuestro equipo? Ellos no son responsables de nuestra vida, honor, seguridad o de la integridad de nuestros hijos, ¿verdad?
Sin embargo, los sueldos millonarios que cobran los que defienden una camiseta con nuestros colores engloban otras contrapartidas que van más allá de los goles que marcan sobre el terreno de juego. Son conceptos como profesionalidad, seriedad, respeto por la imagen del club y, en definitiva, compromiso con ese equipo en el que prestan sus servicios.
Un compromiso, que algunos de los integrantes de la plantilla del Atlético, y supongo que los de muchos otros clubes, no están dispuestos a asumir.
¿Es lícito que cuatro de nuestros jugadores tras la derrota contra el Valladolid y mientras en el Club se decide cesar al entrenador regresen a sus casas a las siete de la mañana? Quizás lo sea, igual ni entrenaban al día siguiente, pero a mí, qué quieren que les diga no me parece moral. Igual se piensan que en Boadilla o en Villalba o en cualquier pueblo de la sierra madrileña no hay atléticos que puedan reconocerlos, que merezcan su respeto. Pero ellos son así, les da todo igual. Póngame otra de lo mismo, oiga.
¿Cómo se acostaron ustedes después del partido de Oporto? Porque a mí me costó mucho conciliar el sueño pensando que era el último partido europeo que había visto en mucho tiempo. Pues sepan que mientras ustedes pasaban la noche en vela cuatro jugadores que disputaron ese encuentro hacían lo propio en un pueblo a 40 kilómetros de la capital. La única diferencia es que el motivo de nuestros desvelos y el de los suyos era bien diferente.
No es este artículo el sitio dónde dar nombres, ni señalar con el dedo pese a que estas dos salidas nocturnas, que seguramente no sean las únicas, estén completamente contrastadas. Saquen ustedes sus propias conclusiones a tenor del rendimiento de nuestros jugadores en el campo. Seguro que se equivocarán muy poquito. Me importa muy poco lo que hagan con sus vidas privadas y ni siquiera voy a jugar con el oportunismo de un mal resultado para hablarles de la “profesionalidad” de estos jugadores.
Les cuento esto ahora que hemos ganado a un Guardiola que se preocupa de llamar cada noche a sus jugadores para saber si ya se han tomado el Cola Cao. Lo denuncio ahora que preferimos dejar nuestras dudas de lado ante el inminente partido contra el eterno rival. Y lo hago desde la vergüenza que me da el hecho de asumir que son pocos, muy pocos, los futbolistas del Atlético que están comprometidos con sus compañeros, con su club, con los aficionados que los idolatran y, en definitiva, con el escudo que lucen en el pecho cada fin de semana.
Quizás la culpa sea de este fútbol moderno que ha hecho que los jugadores sean sólo empleados coyunturales de la empresa para la que trabajan de forma puntual, con el único vínculo de un contrato y una cláusula de rescisión que podrá romper un mejor postor. Quizás los culpables sean unos dirigentes que nos ponen en ridículo, sin necesidad, eso sí, de haberse tomado ni un vino. Quizás el culpable es el que ha hecho un atlético sin atléticos, sin madrileños, sin españoles. Quizás los culpables sean aquellos que no han sabido transmitirles la grandeza de estos colores, tal y como lo hicieron nuestros padres y nosotros lo hacemos con nuestros hijos.
Pero ya que no podemos exigirles que sean atléticos, como lo fueron Gárate, Arteche o Fernando Torres, sí podemos reclamarles que se comporten como tales. Con profesionalidad, respeto y compromiso por ese equipo, nuestro Atleti, que a nosotros nos da la vida y a ellos… a ellos les engorda la cuenta corriente.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Viejas aficiones, nuevas rivalidades

Una de las cosas que más disfrutaba cuando era pequeña eran los viajes con el Atleti. Cada año, la Peña Luis organizaba un desplazamiento y nos dábamos el madrugón para viajar en autobús y conocer un nuevo estadio.
Pucela, Valencia, Bilbao, Oviedo... no recuerdo gran cosa de las ciudades que visitábamos, ni de aquellos partidos que jugamos en Zorrilla, el Luis Casanova, San Mamés o el Tartiere, pero sí tengo grabado el ambiente de fiesta que vivíamos en cada uno de esos viajes.
Llegábamos a la plaza principal y nos bajábamos con nuestros gorros y bufandas rojiblancas para pasar las horas previas al encuentro paseando y visitando esas ciudades desconocidas para mí. Hablábamos con la gente, nos paraban por la calle y nos recomendaban los mejores bares donde degustar el plato típico o simplemente un menú más asequible en un sitio menos turístico.
Entonces no me chocaba el cariño y la simpatía que despertaba nuestra afición. Estrechaban nuestras manos, nos daban palmaditas, nos preguntaban por el equipo y nos decían que por favor, que esa tarde no les diésemos el disgusto y que dejásemos las victorias para los próximos partidos. Nunca tuvimos un problema. Nunca pasé miedo.
Recuerdo perfectamente cómo estuvimos con la afición de la Real Sociedad compartiendo bares y cánticos por el casco viejo de Zaragoza durante las horas previas a aquella final de la Copa del Rey. Hoy, sin embargo, 25 años después, mis hijas no podrán visitar Anoeta con una camiseta rojiblanca porque el hijo de otra persona fue vilmente asesinado en los aledaños de nuestro estadio, por el simple hecho de haber viajado para animar a su equipo.
Tampoco podrá ir a Sevilla, al Sánchez Pizjuan, porque un amplio sector de las dos aficiones se han inventado una rivalidad que nunca ha existido entre dos equipos que siempre se trataron con cariño y respeto.
Y si en nuestro fondo sur antes sólo se dedicaban canciones y burlas al incómodo vecino de la Castellana, ahora es el Sevilla el que despierta el odio y el desprecio. Internet ha contribuido a exacerbar este sentimiento nuevo y ya parece que el enconamiento entre las dos aficiones viene de siglos atrás, de alguna guerra disputada por un trozo de tierra. Pero no es así.
El pasado año, en un foro sevillista, escribieron un artículo incendiario para calentar el partido: “Yo a la Champions, tú a Intertoto”, se llamaba. En los foros colchoneros se correspondió con insultos y menosprecios. Ganó el Atleti y un aficionado de nuestro equipo recibió una brutal paliza que fue grabada con un móvil y colgada en un “youtube”.
Esta temporada las cosas no van mejor. Su peña ultra se encargó de traer a Madrid palos y bates de béisbol para los hinchas del Olimpique de Marsella y en cada partido del Calderón se les dedican unos cánticos que me da vergüenza reproducir. La violencia flota en el ambiente.
Esta semana en ese mismo foro de Internet se han dedicado a colgar fotos de aficionados del Atlético de Madrid y a humillar y reírse de todas esas personas. Gente mayor o chicas muy jóvenes, casi niñas, han sido insultados y sometidos a comentarios vejatorios, muchos de ellos de índole sexual. Aquí no se ha andado a la zaga, no se crean. Ayer llegué a leer en una página de atléticos que todos los sevillanos eran como los asesinos de Marta, la chiquita desaparecida y cuya trágica muerte se ha conocido esta semana.
Algunos justifican la violencia (o el racismo) en el fútbol, alegando que es sólo un reflejo de lo que vive nuestra sociedad. Pero yo creo que ha habido demasiada tolerancia y que desde los distintos Gobiernos y los propios clubes no se han hecho los gestos suficientes para acabar con ella.

