lunes, 24 de agosto de 2009

Simao y la zona Cesarini



Toda la gente que ha conseguido dejar de fumar suele contarte cómo lo lograron. Lo hacen desde una atalaya de superioridad moral, del que se sabe mejor por haber conseguido lo que el resto de mortales apunta en su lista de “deberías” una y otra vez, y también, claro, para brindarte consejos y apoyo en tan difícil tarea.

Ya no es como antes que los hombres te contaban su mili y las mujeres sus partos, ahora lo que prima son las experiencias vitales de quien consiguió apartarse de tan terrible adición: “Ocho años sin fumar ya” o “un día dije que me fumaba el último Ducados y hasta hoy” o “nada, sin chicles ni mariconadas, el caso es echarle huevos”.

Y te relatan historias distintas con final feliz (los fumadores, claro, no solemos referirnos a nuestros continuos fracasos) y todos coinciden que es cuestión de pasarlo mal durante una semana y que a partir de entonces todo empieza a mejorar.

Así que ayer se cumplía una semana desde que dejé de fumar. En menos de media hora, en cuestión de minutos podría haber pronunciado el “llevo una semana sin fumar” y justo cuando entraba en la “zona Cesarini” y tras siete días de angustia, insomnio y mal humor le dije a mi amiga Tere que me dejase encenderle su LM. Un LM que nunca se llegó a fumar.

Descubrí hace poco que la zona Cesarini son los últimos minutos antes de que algo acabe, una especie de sinónimo de “in extremis”. La expresión fue acuñada por un periodista italiano que narraba las peripecias de un futbolista especializado en marcar goles en los instantes finales de los partidos. Luego la expresión trascendió del fútbol a otros deportes e incluso a otros ámbitos de la vida para que a los que nos gustan estas tonterías podamos usarla prácticamente a diario.
-Apaga la olla que los macarrones están en zona Cesarini.
O
-¿A qué hora sales de trabajar?
- En segundos, estoy en zona Cesarini

Renato Cesarini fue un futbolista italiano que se crió en Argentina y que consiguió triunfar en los dos países. En los años 30 vistió la camiseta de la Juventus y fue internacional con la selección italiana con la que consiguió la Copa del Mundo de 1934. Cuenta mi amigo Tacitus en su blog que en su regreso a Argentina llegó a jugar en River y que, más tarde como técnico, fue uno de los forjadores de aquella delantera de ensueño conocida mundialmente como la máquina.

Ayer por la noche, mientras fumaba con deleite en la terraza de la cocina me puse a reflexionar en los goles del Atleti conseguidos de esta forma, en zona Cesarini. Los dos del año pasado contra el Barcelona o el Villareal, el que le marcó Arteche al Betis en aquella remontada épica y muchos otros que no consigo recordar (ayúdenme ustedes)… Sin embargo, hay uno que no olvidaré mientras viva y es el que consiguió Simao en aquella primera fase de la Copa de la UEFA frente al rival que nos visita mañana.

El empate nos valía y ese gol sólo serviría para clasificarnos como primeros de grupo y esquivar a rivales más complicados (luego fue el modesto Bolton el que nos dejó en la cuneta, pero eso ya es otra historia). Sin embargo, lo recuerdo como uno de los goles más intensamente vividos por la grada, más coreados, más celebrados… más sentidos.

Tiempo de descuento. Falta al borde del área. Simao que se apresura a coger la pelota, la coloca despacio, mira hacia el cielo, dispara y el balón entra limpiamente por la escuadra sin que su portero pueda hacer nada. Un gol perfecto.

Mañana esos griegos del Panathinaikos que se fueron cabreados al vestuario hace dos años nos visitan de nuevo. Parece que traemos un buen resultado y que el equipo no está jugando mal. Faltan pocas horas para volver a ver fútbol europeo en el Calderón, estadio que también ha iniciado su particular cuenta atrás. Queda muy poco para escuchar de nuevo ese himno y ver a unos niños agitando una lona. Unos instantes para volver a sentir ese cosquilleo en el estómago y rezar por goles que como aquel de Simao conviertan una noche de fútbol en una noche de magia. Entramos señores, en zona Cesarini. En zona Cesarini para volver a disfrutar de lo que más nos gusta.

jueves, 20 de agosto de 2009

Rupturas y reencuentros


En octubre íbamos a celebrar nuestro segundo aniversario, pero hemos roto hace unos días. Ocho años juntos si contamos nuestra primera época, la que pasamos en Almería. La ruptura -como todas, supongo - está siendo traumática. Las primeras horas le añoraba continuamente, tras dos días pude echar unas manos de mus sin acordarme de él y ayer, tras superar el partido del Atleti sin tenerle permanentemente a mi lado supe que lo peor ya había pasado. Se lo he prometido a mis padres y a mis hijas. Con el Marlboro no vuelvo.

Y tiene mérito, se lo juro. Ver la primera hora de juego del Atleti sin fumar ni dormirse, no encenderse un cigarro para celebrar los goles y no salirse a la terraza para dar unas caladas furtivas cuando el vecino vikingo canta los goles de los griegos. Pero lo más difícil ha sido salir hoy a desayunar, ver la portada del Marca y no llevar un mechero con el que prenderla fuego. Que mande en portada un partido amistoso del otro equipo de la capital y no el primer partido de Champions de un equipo español es una afrenta más en la larga lista del periódico que maldirige el Sr Inda, aquel que destapaba los desmanes de los giles en El Mundo y que ahora hace el Marca más mediocre de su historia. Un diario que basa la información del Atleti en rumores infundados, notas de prensa impropias del becario más bisoño y lo que es peor… en hacerle el juego a una directiva, la atlética, tan nefasta como la que está al frente de ese periódico.

En fin, que también me había prometido no volver a escribir en el blog mientras no tuviera nada nuevo que decir y sin embargo aquí estoy. Que sí que todavía no he hablado de dinamita, pegada, delantera de lujo e incertidumbres en defensa. Pero denme unos renglones y les hago una crónica clavadita a la del Shalke o a la del Erciyespor turco aquel que nos tocó en suerte hace dos años.
Quizás el Atleti de ayer tuvo algo más, poco, que los destellos de los goles y se vio un equipo más conjuntado, algo más cercano en sus líneas. Con un Maxi (un gusto tener que esperar tan poco para cerrar tantas bocas) a la altura de su mejor versión y que sirvió de enganche con los dos de arriba además de encargarse de abrir el marcador. También me gustó el centro del campo con Raúl García y Assunçao repartiéndose perfectamente los papeles y las tareas. Y en defensa…. En defensa lo de siempre… si Antonio López estuvo bien y Ujfalusi francamente bien, Heitinga y Juanito tuvieron fallos de los que te hacen santiguarte y suspirar.

¿Qué más? Ah sí, que Asenjo apunta maneras de portero de los que me gustan de esos que pueden hacer una parada con total facilidad desplazándose un paso a la derecha pero que prefieren adornarla con una palomita espectacular que para eso han estado una hora colocado (bien colocado) bajo los palos sin salir en la tele. Y Jurado… ¿No le ven como más hecho?, como el vecino del primero que se iba a la mili y a la vuelta había crecido tres palmos y le había salido bigote. Pues eso, que en este blog declarado “juradista” desde siempre brindamos por el regreso del chaval y le deseamos la mejor de las suertes para convertirse en algo más que el mejor peinado de la primera división española, que no es poco.

Así que ya he validado el abono para el partido de vuelta y he pagado los 20 euritos del último desmán de los del palco que se hartan de decir en la prensa que este año se mantiene el precio de los abonos y luego nos cobran un encuentro que siempre había sido de los de no pasar por caja. Una vergüenza, señores. Pero que le vamos a hacer, no voy a ser menos que Gonzalito Miró y si él puede ir al palco griego como representante del Atleti, no me voy a quedar yo sin estrenar mi nueva localidad y reencontrarme con los amigos. Reencuentro con ustedes después de tanto tiempo, reencuentros en la grada, reencuentro con las ilusiones de siempre, todavía intactas y sin un triste Marlboro para encenderme. Elegí un mal día para dejar de fumar.

martes, 10 de marzo de 2009

El empate


Fueron los únicos que acabaron contentos con el resultado del partido. Iván y Paula, Paula e Iván nos miraban con extrañeza cuando gritábamos, alzábamos los brazos, nos levantábamos del sillón, increpábamos al árbitro o cantamos los goles.

Iván dice que es de los dos equipos. ¿Se lo pueden imaginar? Primero del Madrid y un poquito menos así – dice juntando los dedos y guiñando sus ojos azules – del Atleti. Hace unas semanas, y previa autorización paterna, que con esas cosas no se juega, le hice socio infantil del Atleti y viene a algunos partidos con mi hija. También es socio del Madrid, no se vayan a pensar, y visita el Bernabéu un par de veces al año. Así que su padre y yo (que cuento con la complicidad de su madre, mi amiga Chusa) tenemos una lucha perpetua por hacer a Iván de nuestro equipo, de la que él, la verdad, pasa olímpicamente.

Paula no. Paula lo tiene clarísimo. Vive rodeada de atléticos. Su abuelo le cantaba el himno desde que era una recién nacida y paradójicamente, el 80% de los niños de su clase, con el profesor a la cabeza, son atléticos como ella. Paula que el año pasado salió llorando de casa de Iván, el día que el Kun Agüero marcó al principio del partido y el Atleti acabó perdiendo, el sábado parecía contenta. Cuando volvíamos a casa de la mano y yo todavía no sabía si estaba orgullosa, decepcionada, cabreada o esperanzada por lo que habíamos visto en la tele. Me apretó la mano fuerte y me dijo bajito que quería que el Atleti empatase. ¿Por qué, hija?, le pregunte extrañada. Porque así nadie se ha disgustado, me contestó cargada de razón.

Me miro en ella y me da un poco de vergüenza ver en lo que me he convertido. Que hoy, con un montón de amigos y compañeros en Liverpool estoy deseando que el Madrid quede fuera de Europa, mejor si es con gol de Torres. Espero que mi hija no herede ese antimadridismo porque eso significara que su Atleti, el que mañana se enfrenta al Oporto, pesa lo suficiente como para fijarse en el resto de equipos.

Y quiero que mañana salte al césped ese Atleti que remontó al Barça y que doblegó al Madrid. Deseo que la mordiente de los dos últimos partidos sea suficiente para ganar al Oporto y solventar la eliminatoria. Sería una fiesta y un orgullo para una hinchada que ya ha tenido demasiados disgustos y, después de todo, Iván viene al fútbol el próximo domingo. Ya saben lo que impresiona nuestra grada de fiesta y orgullosa, ¿no? Pues eso.

martes, 3 de marzo de 2009

Futbolistas ¿comprometidos?




¿Qué opinarían si se enterasen de que el cirujano que les va a operar mañana ha pasado la noche de “marcha” y se ha acostado a las siete de la mañana?, ¿y de un abogado que tuviese que defenderles en un juicio, del conductor que les lleva cada mañana al trabajo en un tren de cercanías o de la cuidadora que se queda al cargo de sus hijos en la guardería?...

¿Y qué ocurre en el caso de los futbolistas de nuestro equipo? Ellos no son responsables de nuestra vida, honor, seguridad o de la integridad de nuestros hijos, ¿verdad?

Sin embargo, los sueldos millonarios que cobran los que defienden una camiseta con nuestros colores engloban otras contrapartidas que van más allá de los goles que marcan sobre el terreno de juego. Son conceptos como profesionalidad, seriedad, respeto por la imagen del club y, en definitiva, compromiso con ese equipo en el que prestan sus servicios.

Un compromiso, que algunos de los integrantes de la plantilla del Atlético, y supongo que los de muchos otros clubes, no están dispuestos a asumir.

¿Es lícito que cuatro de nuestros jugadores tras la derrota contra el Valladolid y mientras en el Club se decide cesar al entrenador regresen a sus casas a las siete de la mañana? Quizás lo sea, igual ni entrenaban al día siguiente, pero a mí, qué quieren que les diga no me parece moral. Igual se piensan que en Boadilla o en Villalba o en cualquier pueblo de la sierra madrileña no hay atléticos que puedan reconocerlos, que merezcan su respeto. Pero ellos son así, les da todo igual. Póngame otra de lo mismo, oiga.

¿Cómo se acostaron ustedes después del partido de Oporto? Porque a mí me costó mucho conciliar el sueño pensando que era el último partido europeo que había visto en mucho tiempo. Pues sepan que mientras ustedes pasaban la noche en vela cuatro jugadores que disputaron ese encuentro hacían lo propio en un pueblo a 40 kilómetros de la capital. La única diferencia es que el motivo de nuestros desvelos y el de los suyos era bien diferente.

No es este artículo el sitio dónde dar nombres, ni señalar con el dedo pese a que estas dos salidas nocturnas, que seguramente no sean las únicas, estén completamente contrastadas. Saquen ustedes sus propias conclusiones a tenor del rendimiento de nuestros jugadores en el campo. Seguro que se equivocarán muy poquito. Me importa muy poco lo que hagan con sus vidas privadas y ni siquiera voy a jugar con el oportunismo de un mal resultado para hablarles de la “profesionalidad” de estos jugadores.

Les cuento esto ahora que hemos ganado a un Guardiola que se preocupa de llamar cada noche a sus jugadores para saber si ya se han tomado el Cola Cao. Lo denuncio ahora que preferimos dejar nuestras dudas de lado ante el inminente partido contra el eterno rival. Y lo hago desde la vergüenza que me da el hecho de asumir que son pocos, muy pocos, los futbolistas del Atlético que están comprometidos con sus compañeros, con su club, con los aficionados que los idolatran y, en definitiva, con el escudo que lucen en el pecho cada fin de semana.

Quizás la culpa sea de este fútbol moderno que ha hecho que los jugadores sean sólo empleados coyunturales de la empresa para la que trabajan de forma puntual, con el único vínculo de un contrato y una cláusula de rescisión que podrá romper un mejor postor. Quizás los culpables sean unos dirigentes que nos ponen en ridículo, sin necesidad, eso sí, de haberse tomado ni un vino. Quizás el culpable es el que ha hecho un atlético sin atléticos, sin madrileños, sin españoles. Quizás los culpables sean aquellos que no han sabido transmitirles la grandeza de estos colores, tal y como lo hicieron nuestros padres y nosotros lo hacemos con nuestros hijos.

Pero ya que no podemos exigirles que sean atléticos, como lo fueron Gárate, Arteche o Fernando Torres, sí podemos reclamarles que se comporten como tales. Con profesionalidad, respeto y compromiso por ese equipo, nuestro Atleti, que a nosotros nos da la vida y a ellos… a ellos les engorda la cuenta corriente.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Viejas aficiones, nuevas rivalidades



Una de las cosas que más disfrutaba cuando era pequeña eran los viajes con el Atleti. Cada año, la Peña Luis organizaba un desplazamiento y nos dábamos el madrugón para viajar en autobús y conocer un nuevo estadio.

Pucela, Valencia, Bilbao, Oviedo... no recuerdo gran cosa de las ciudades que visitábamos, ni de aquellos partidos que jugamos en Zorrilla, el Luis Casanova, San Mamés o el Tartiere, pero sí tengo grabado el ambiente de fiesta que vivíamos en cada uno de esos viajes.

Llegábamos a la plaza principal y nos bajábamos con nuestros gorros y bufandas rojiblancas para pasar las horas previas al encuentro paseando y visitando esas ciudades desconocidas para mí. Hablábamos con la gente, nos paraban por la calle y nos recomendaban los mejores bares donde degustar el plato típico o simplemente un menú más asequible en un sitio menos turístico.

Entonces no me chocaba el cariño y la simpatía que despertaba nuestra afición. Estrechaban nuestras manos, nos daban palmaditas, nos preguntaban por el equipo y nos decían que por favor, que esa tarde no les diésemos el disgusto y que dejásemos las victorias para los próximos partidos. Nunca tuvimos un problema. Nunca pasé miedo.

Recuerdo perfectamente cómo estuvimos con la afición de la Real Sociedad compartiendo bares y cánticos por el casco viejo de Zaragoza durante las horas previas a aquella final de la Copa del Rey. Hoy, sin embargo, 25 años después, mis hijas no podrán visitar Anoeta con una camiseta rojiblanca porque el hijo de otra persona fue vilmente asesinado en los aledaños de nuestro estadio, por el simple hecho de haber viajado para animar a su equipo.

Tampoco podrá ir a Sevilla, al Sánchez Pizjuan, porque un amplio sector de las dos aficiones se han inventado una rivalidad que nunca ha existido entre dos equipos que siempre se trataron con cariño y respeto.

Y si en nuestro fondo sur antes sólo se dedicaban canciones y burlas al incómodo vecino de la Castellana, ahora es el Sevilla el que despierta el odio y el desprecio. Internet ha contribuido a exacerbar este sentimiento nuevo y ya parece que el enconamiento entre las dos aficiones viene de siglos atrás, de alguna guerra disputada por un trozo de tierra. Pero no es así.

El pasado año, en un foro sevillista, escribieron un artículo incendiario para calentar el partido: “Yo a la Champions, tú a Intertoto”, se llamaba. En los foros colchoneros se correspondió con insultos y menosprecios. Ganó el Atleti y un aficionado de nuestro equipo recibió una brutal paliza que fue grabada con un móvil y colgada en un “youtube”.

Esta temporada las cosas no van mejor. Su peña ultra se encargó de traer a Madrid palos y bates de béisbol para los hinchas del Olimpique de Marsella y en cada partido del Calderón se les dedican unos cánticos que me da vergüenza reproducir. La violencia flota en el ambiente.
Esta semana en ese mismo foro de Internet se han dedicado a colgar fotos de aficionados del Atlético de Madrid y a humillar y reírse de todas esas personas. Gente mayor o chicas muy jóvenes, casi niñas, han sido insultados y sometidos a comentarios vejatorios, muchos de ellos de índole sexual. Aquí no se ha andado a la zaga, no se crean. Ayer llegué a leer en una página de atléticos que todos los sevillanos eran como los asesinos de Marta, la chiquita desaparecida y cuya trágica muerte se ha conocido esta semana.

Algunos justifican la violencia (o el racismo) en el fútbol, alegando que es sólo un reflejo de lo que vive nuestra sociedad. Pero yo creo que ha habido demasiada tolerancia y que desde los distintos Gobiernos y los propios clubes no se han hecho los gestos suficientes para acabar con ella.
Y ha llegado el momento de que todos nos paremos a reflexionar y acabemos de una vez por todas con esta locura antes de que el cuerpo de otro de nuestros hijos, sea cual sea el color de su bufanda, acabe desangrándose sobre otra acera cerca de un estadio.
No podemos permitirlo. En toda esta historia y, sin apenas darnos cuenta, ya hemos perdido demasiado. Y qué triste... hemos perdido todos.

lunes, 9 de febrero de 2009

Ni olvido, ni perdón



¿Cambió la actitud de los jugadores o simplemente tuvieron más suerte de cara al gol?, ¿creen que le estaban haciendo la cama a Aguirre o sencillamente es que el rival fue más asequible?, ¿les sorprendió Abel con algo más que la alineación de Antonio López en el carril izquierdo? Y lo que es más importante ¿creen que esta victoria apagará las voces de prensa y afición que por primera vez en muchos años se habían atrevido a mirar más arriba del banquillo?

Son muchas las preguntas que despierta este Atleti si uno no quiere conformarse con tópicos como lo del entrenador nuevo, victoria segura. Y son preguntas que se quedarán sin contestar al menos durante los próximos siete días. Porque sí, todos podemos elucubrar a estas alturas sobre si la disposición, tanto táctica como anímica, fue diferente, pero siempre nos quedará la duda de si ese gol tempranero de Agüero cambió todo el guión de los noventa minutos.

El Atleti volvió a ser ese equipo efectivo de finales de 2008, que no es un Barcelona, ya saben, pero que sí cuenta con unos señores capaces de resolver cualquier partido. No me hagan empezar de nuevo con la pólvora y la dinamita y la puntería que eso ya nos lo sabemos todos.

El caso es que marcó Agüero después de seis semanas y lo hizo Forlán, por partida doble, y sin grandes celebraciones, después de cuatro. Dijo Abel ante los medios que el equipo había asimilado sus ideas, pero eso tendrán que demostrarlo ante el Getafe y ante los difíciles compromisos que se avecinan. Que sí, que hubo más presión y el equipo se plantó más adelantado, pero durante todo el segundo tiempo volvimos a ver pérdidas de balones en pases sencillos, juego aéreo que siempre controlaba el rival y despistes en defensa que sólo el acierto de Leo Franco evitó que acabasen en gol.

Sin embargo, lo que más me inquieta es que se frene esa corriente de denuncia de los medios iniciada hace bien poco y en sospechosa coincidencia temporal. Si el equipo va bien, todo va bien; estamos a dos puntos de la Champions, no hay que desestabilizar a la plantilla, ¿les suena, no? Y eso es lo que me daría mucha pena, que los matorrales impidiesen de nuevo ver la presa, que el humo no dejase adivinar dónde está el fuego o que el buen tiempo hiciese olvidar lo mal preparados que estuvimos ante el último temporal.

Pero es que hasta a mí, que me acusan de corporativista con los compañeros de los medios, me ha sorprendido su dedicación durante esta semana. Los minutos en los programas de las doce, las columnas en la prensa, el lenguaje común, los argumentos al descubierto. Con malos resultados, con el cese de un entrenador, sí... pero también lo que hemos vivido tantas otras veces, incluso con un descenso a segunda, sin que se haya levantado una voz, sin que haya pasado nada.

Y si las protestas ya no se limita a los “catorce” de siempre y se extienden en la grada, si ya no somos sólo los “bloggeros” los que les hablamos a ustedes de apropiación indebida, de nefasta gestión o de afrenta a nuestra historia, si la denuncia abandona el territorio de los foros para llegar a la opinión pública, una se queda con la sensación de que se ha ganado mucho más que tres puntos. Y sería una pena que esos tres puntos, los primeros de Abel, los que tan bien nos vienen, los que nos acercan hacia nuestra zona legítima, frenasen esa corriente que vale mucho más que tres, treinta o trescientos puntos. Yo estaré en la puerta cero el próximo domingo, ¿Y ustedes?

lunes, 2 de febrero de 2009

2 de febrero, Groundhog Day

Hoy se celebra el día de la marmota. Una costumbre tradicional del pueblo de Punxsutwaney, en Pennsiylvania, en la que cada dos de febrero se intenta predecir la duración del invierno por el comportamiento de la ya famosa marmota Phil, inmortalizada en la película Atrapado en el tiempo.

Muchos seguidores del Atlético de Madrid solemos resumir con esta frase, “el día de la marmota”, la situación de nuestro equipo. Pasan los días y nada cambia. Se relevan los entrenadores, cambian los jugadores, se bautizan los proyectos y todo sigue igual. Triste, frío, mediocre y gris, muy gris.

Cuenta la historia que los inmigrantes alemanes llegados a Pennsylvania confiaban en este método para saber cuando tenían que cultivar sus tierras. Si la marmota al salir de su guarida en invierno veía su sombra, en un día soleado, se asustaba y volvía a su hibernación por seis semanas más. Si no había sol y por tanto no veía su perfil sombreado, pensaba que ya había llegado la primavera y salía confiada de su madriguera.

Se asomó ayer el Atleti a repetir el guión de las últimas jornadas, no le gustó lo que vio y decidió seguir invernando durante todo el partido, tal y como ha estado haciendo desde principios del nuevo año. Sin embargo, ayer la afición, que otras veces se ha conformado con el comportamiento del equipo y se ha ido a casa meneando la cabeza, silbando a Pernía o pidiendo la dimisión de Aguirre, por primera vez rechazó el guión establecido y decidió que con marmota o sin ella, el invierno en el Atlético de Madrid ya dura demasiado.

Ayer, una afición aterida de frío y fiel como pocas, gritó por fin contra los verdaderos culpables, ya no de la actual marcha del equipo, si no de la transformación de lo que era el Atleti, nuestro Atleti, en un ente amorfo sin personalidad, ni carácter.

Más de 100 personas lo cantaron desde la puerta cero, miles se volvieron al palco para pedir responsabilidades, el Frente Atlético cambió sus “lololos” por “fueras del Calderón” y los medios de comunicación recogieron por primera vez en muchos meses la sensación de hartazgo del aficionado atlético.

El Groundhog Day tiene poca base científica, la verdad. Según el Nacional Geographic la marmota sólo ha pronosticado el final del invierno correctamente el 28% de las veces en 60 años.

Pero a mí, que quieren que les diga, esto me parece un paso de gigante en la lucha que muchos hemos hecho nuestra para conseguir que nos devuelvan a nuestro equipo, que dejen de hacer negocio con nuestros sentimientos los que se hicieron con ellos de forma indebida.

Doy por buena la derrota, si con eso se consigue que algo cambie, que no volvamos a vivir una y otra vez el guión escrito por los que nos mal dirigen. Es muy duro decirlo, pero hoy por hoy, si perder partidos significa que la gente se conciencie y que los medios se hagan eco, si eso puede forzar a los dueños a vender la propiedad conseguida ilegítimamente, según reconoció el Tribunal Supremo, si eso supone su marcha... bienvenidas las derrotas.

No me gusta perder ni a las chapas, pero ya les digo que antes de que el equipo desaparezca bajo los mandos de dos que lo quieren mucho menos que nosotros, prefiero un Atleti en mitad de la tabla, sin ellos, que otro campeón de Champions con Cerezo y Gil Marín levantando la Copa.

Feliz Día de la Marmota