
Sí señores, no iba vestida de corto, pero el gol del Atleti en el minuto 94 lo marqué yo de falta directa. Bueno, lo marqué yo, aunque también lo marcaron mi amigo Nacho, Juan Carlos, Tomás, Pepe, Paquito desde el Fondo Sur, María José en la lateral, los de la Peña de Patones pegaditos a la valla, la señora rubia de delante y todos los atléticos que a esa hora aguantábamos en la gélida y mojada grada del Calderón.
Lo marcamos nosotros y también Simao, que nos ayudó a meterlo, porque fue un gol de fe. Nadie dudó ayer de que ese disparo acabaría entre las mallas, nadie desconfió en ningún momento de que la victoria era nuestra. El Fondo Sur lo celebró desde el mismo momento en que el árbitro señalaba la falta al borde del área, muy cerca de esa línea borrada por la lluvia.
Permítanme que siga hablando del público, de los pocos que ayer nos dimos cita en nuestro estadio para recibir a unos griegos correosos y organizados que nos quisieron hacer la vida imposible. Ayer el estadio fue uno, una misma persona, animando. Animando más cuando el marcador se puso en contra, brindando un sentido homenaje a Antonio López (gracias, Frente Atlético), cantando una y otra vez el “yo te quiero Atleti” y empujando al equipo hacia la victoria como hacía tiempo que no se veía. Ayer volví a sentir de nuevo el orgullo de pertenencia, la alegría de ser del Atlet¡, la fortuna de estar rodeada de gente con el mismo sentimiento.
Vendrán otras noches europeas, pero creo que el partido de ayer, por la magia que encerró ese gol postrero, tan ajena a nuestros desenlaces acostumbrados, tardaré en olvidarlo mucho tiempo.
La victoria y la cabecera del grupo, sin embargo, no deben de enmascarar algunas de las cosas que ayer vivió el Atleti sobre el terreno de juego. Tanto sufrimiento tendrá que transformarse en lección aprendida, en moraleja para el futuro. Ante un equipo como el de ayer y tal y como estaba el terreno de juego, el equipo no puede empeñarse una y otra vez en jugar por el centro, en dar pasecitos horizontales, en retrasar el balón.
La segunda lección les tiene que decir que la intensidad y la velocidad hay que aplicarla desde el primer minuto hasta el último. Si el primer disparo a puerta llega en el segundo tiempo, algo está pasando y no es bueno.
En su haber tiene el Atleti que la defensa está mejor (salvo en el gol de los griegos, error de Antonio López que Ze Castro no sabe corregir), que se crece ante un resultado adverso y lo ya reseñado en otras crónicas, que hace valer en todo momento su derecho a ganar, a pensar sólo en la victoria.Aguirre, en mi opinión, acertó ayer. Consciente de que el empate no servía para nada, se la jugó con dos cambios de carácter ofensivo. Simao salió por Cléber Santana, que un día más demostró que no es jugador para el Atleti, y Reyes por el indolente Ze Castro.





