Lo mejor del Atleti jugó ayer contra lo peor del Atleti. Se fueron a disputar su partido a Moscú, con frío, con niebla y con una luna no tan llena como la de Madrid. Había en el campo además, otro equipo. Con una equipación muy fea, unos dorsales muy grandes, unos nombres impronunciables, y un público bailador de “pogo” (por el frío supongo) con el marcador a favor o en contra.Lo mejor del Atleti, marcó primero… Jurado se asoció con Agüero para que el argentino nos regalase un gol de enmarcar. Uno más. Con la zurda. Antes los del equipo peor, ya lo había intentado, dando facilidades para que un balón se estrellase en el poste de Abbiatti. Y como habían avisado, a nadie le extrañó que empatasen pronto el partido, sin amilanarse. Pernía se despistó, Pablo se cayó y Eller miró hacia otro lado: empate a uno.
Los buenos seguían creando algunas ocasiones. Jurado y Agüero combinaban y creaban ocasiones de peligro, pero los malos apuntaban, dejando las bandas vacías y dando todo tipo de facilidades. El descanso no iba a variar el guión.
Comenzó el segundo tiempo con los buenos dominando, mostrando la capacidad y el entendimiento entre sus delanteros y marcando. Era el turno de Forlán.
Pero el paso adelante en el marcador no iba a impedir que los malos se arredrasen. En tan sólo dos jugadas mostraron de nuevo sus cartas con sendas cadenas de “aciertos”, Antonio López se tragó un centro desde la banda y Pablo para no ser menos se quedó clavado. El empate a dos llegaba, a puerta vacía.
Su gran actuación, la de los malos, la remataron facilitando por omisión la llegada del tercero. Les bastó con girarse y silbar, imitando a su líder, un tal Fabiano Eller que miraba a la luna llena, mientras alguien que pasaba por allí cabeceaba a la red sin ninguna oposición. Lo peor del Atleti había remontado el partido.
Aguirre decidió en ese momento echar una mano y cambiar a dos de los malos, Simao y Cléber Santana, por dos buenos chicos, Maxi y Luis García. Aunque los mejores todavía iban a contar con un refuerzo más: un Maniche que fue capaz de dar empuje y dinamismo al juego de su equipo, que lo intentó desde la frontal y que finalmente asistió a Agüero – de los buenos, el mejor - para que consiguiese el empate a tres.
Y así llegó el final del partido. Los buenos y los malos se traen un punto a Madrid ganado a partes iguales, a cara de perro. Los rusos, que pasaban por allí, se quedan con el otro. Un punto, el primero en el casillero UEFA que al final y dado el esfuerzo de unos y otros, sabe a oro. A oro de Moscú.






