
Nadie podrá decir que ayer se aburrió en el Calderón. El circo de sensaciones realizó su mejor función de toda la temporada. Y el público, como niños, pasó de las risas ilusionadas a los rostros de horror en tan sólo unos minutos. Ya saben que las carpas encierran tantas alegrías como tristezas.
Ayer, en un nuevo carrusel de lo esperpéntico, pasamos de la esperanza a la decepción en décimas de segundo.
A lo largo de la semana, la directiva de nuestro equipo, que ha confeccionado un elenco demasiado ajustado para la larga temporada circense, se encargo de vocear el “pasen y vean” que aquí hay espectáculo asegurado. No le dijeron a nadie, claro, que si la mujer barbuda, no puede salir a escena, el hombre bala no podrá cubrir su puesto, que si el domador que se encarga de tener a todos a raya, se recupera de un mordisco, el bombero torero no podrá sustituirle.
Así que, bajo una carpa descolorida y mal zurcida, se dieron cita todos los atléticos para asistir a la función de las nueve menos cuarto.
El primer número fue el de las fieras, el mejor. En otros circos lo mantienen para el final, para el momento más álgido, para concentrar emociones. Pero ayer, Forlán y Agüero, Agüero y Forlán, fueron los primeros en salir a escena para merendarse en dos bocados a un Valencia ramplón ante el deleite del público esperanzado y agradecido. En las gradas, el respetable, como es de rigor, esperaba un espectáculo “in crescendo” y aplaudía las evoluciones de los leones con fervor.
Algunos cabecearon cuando vieron a los payasos prepararse para actuar. Ya saben que todos los payasos son tristes, que muchas veces con sus tarascadas y trastabilleos dan más pena que risa, pero son cosas del guión, un guión que se repite desde hace meses y que el director escénico no ha dejado de ensayar con los suyos. Salieron Platacho, Chamaco, Zanahoria y Panchito con su habitual repertorio de trampas y trucos malos y se acabó la función.
Ayer el Atleti tuvo un circo por defensa. Cléber hizo su número cómico de la noche para que el Valencia recortase distancias y en un fallo colectivo y la mejor jugada del rival, llegó el empate a dos.
El descanso no fue una tregua, sólo un alto para palomitas y Fanta y, aunque la reaparición de Raúl García como domador del centro del campo, el gol del ilusionista Valera y las nuevas intervenciones de las fieras prometían nuevas emociones, el público se fue a casa desencantado.
Los trapecistas hacen sus acrobacias sin red, pero son tantos sus fallos, que a nadie le acaba extrañando la caída final, la debacle.
Quedan otras funciones. Los señores del palco volverán a vocear que cuentan con el mejor elenco para deleitar a la parroquia, anunciarán el fichaje de un gigante y vendrá un enano con zancos, uno igual o mejor, claro. ¿Y el público?, el publico seguirá sin desconfiar de ese señor gordo que fuma puros y cuenta billetes y acudirá, fiel a la cita, a cada una de las representaciones. La próxima, el domingo, contra el Murcia. Pasen y vean.