
Qué bien me vendría hoy una nefasta actuación arbitral, un par de penaltis inexistentes, algún gol en fuera de juego, quizás alguna expulsión o, al menos, que el Atleti se hubiera presentado en El Madrigal cargado de bajas. Algo. Una excusa, una explicación.
Pero no. No cuento con ella, no cuenten con ella. Como nos pasó en el Nou Camp, en la primera vuelta, ayer, esta vez frente al Villarreal, sufrimos una derrota sin paliativos, contundente.
El Atleti se queda cuarto, gracias a los puntos conseguidos en Sevilla, pero que Atleti más diferente al que hace ocho días se llevó la victoria en el Pizjuán. Le separan nueve puntos del tercer puesto y mantener la cuarta plaza va a requerir un esfuerzo titánico para una plantilla que nota tanto la falta de cada uno de sus hombres clave.
Ayer fue Simao el que con su ausencia demostró su importancia sobre el césped. Su evolución de las últimas semanas ha sido fundamental para crear juego de banda, oxigenar el centro del campo y, sobre todo, entregar balones a los de arriba para que inventen jugadas de gol. Ayer, Forlán, sin el portugués, no fue Forlán. Ayer, el Kun, sin Forlán, tampoco fue el de otros partidos.
Saltó el Atleti al campo con el propósito de siempre. Controlar el centro del campo, aguantar atrás, en la medida de lo posible y encomendarse a sus dos delanteros para hacerse con el partido. No salió. El Villarreal, un equipo físicamente mucho mejor, anuló completamente nuestro centro del campo, los de arriba estuvieron completamente desconectados y atrás, un nuevo fallo defensivo, supuso el primer tanto de los amarillos.
Perea se puso el disfraz de Pablo para cortar un pase de Rossi que se convirtió en una magnífica asistencia para que Cazorla la empujase a la red. Uno a cero. Pocos minutos después tampoco estuvieron finos en defensa, aunque el mérito hay que dárselo a este equipo, desde ayer segundo, que sabe muy bien de que va esto. Pim, pam, pum y ya estaban en el área para que Nihat hiciese el segundo.
Con un dos a cero en el marcador se fue el Atleti al descanso. Tenía pocas esperanzas ya de remontada, la verdad, aunque si lo había hecho el Arsenal con diez por la tarde ante el equipo que nos echó de la UEFA, si lo había hecho el Betis unos minutos antes de nuestro partido, ¿por qué no podía hacerlo el Atleti? No lo hizo, porque en vez de salir a reclamar su oportunidad de reivindicarse como un claro aspirante a los puestos de champions, bajó los brazos y se conformó.
Jurado no fue revulsivo. No fue nada, de hecho. El equipo, ni siquiera intentó un ataque desesperado que hubiera podido costarle más goles. Simplemente se conformó con el guión escrito por un Villarreal muy superior en todas las líneas y entregó el partido.
El Madrigal celebró el tercero haciendo la ola y no era para menos. Es admirable lo que ha hecho este equipo con tan pocas mimbres. Es el ejemplo a seguir en el fútbol español en el que tantos referentes se han perdido a cambio de estrellas de relumbrón. En una liga que ha comprado el pundonor y el orgullo con millones de euros, el Villarreal ha sabido construir un bloque que lucha, que juega al fútbol y que además lo hace bien. Ojalá ganen la Liga. Será señal de que no todo está perdido, que hay otras opciones, otros caminos. Esperanza para que otros equipos, que como el nuestro, han perdido su esencia, puedan reiventarse y volver a creer en la posibilidad de hacer honor a su historia en un futuro cercano. Una historia que recuerda que si una temporada no se ganaba ningún título, se calificaba como descalabro. Una historia que recuerda que quedar cuartos no era un logro, si no un pésimo resultado.