
- “No te alteres hija”, me decía mi padre preocupado cuando le gritaba vikingo al aparato de PRISA, “que ahora les metemos otros cuantos”. Poco se podía imaginar que en el partido más corto que íbamos a ver, acabaríamos pidiendo la hora al unísono.
Ahora busquen unas cuantas excusas para esta dosis de sufrimiento, que si ha pesado el partido del jueves, que si han sido cinco horas de avión, que si cuesta motivarse en este tipo de enfrentamientos, que si siempre que se desplazan las peñas se gafa la fiesta, que si el Levante es un equipo correoso, que si…
Que sí, que hemos ganado. Que son tres puntos muy ricos que nos mantienen ahí arriba, donde corresponde, donde siempre debemos estar. Digan lo que quieran, pero no me convencen. El Levante tiene un punto y menos capacidad de marcar goles que Digital Plus de retransmitirlos.
Es cierto que este es el típico partido que el año pasado hubiéramos perdido, tan ricamente. O empatado, como el día del Murcia. Es cierto que somos expertos en pifiarla cuando más se espera de nosotros y también es verdad, de la buena, que los hados suelen castigarnos cuando marcamos un gol y no rematamos la faena.
Pero algo debe de estar cambiando en este Atleti que gana partidos, incluso cuando no juega bien. Dicen los que saben que ésto es virtud de equipo ganador, a mí me parece más una cuestión de suerte y a ésta, ya saben, es mejor no tentarla.
Pero hablemos del partido. Del minuto 28 en adelante se vieron pocos detalles, muy pocos la verdad. A un Ze Castro seguro, a un Pablo más entonado que ni siquiera se cayó en todo el partido, a un Maniche voluntarioso, a un Raúl García, en su línea, controlando el centro del campo sin problemas y a unos extremos bastante activos, pero que no regalaron excesivas ocasiones para que la dupla Forlán-Kun hiciese algún gol más.
La salida de Reyes daba algo más de mordiente al equipo y el sevillano protagonizaba una bonita escapada para centrar a Agüero en la que pudo ser la sentencia del partido. Simao se reivindicaba con una carrera por la banda para asistir a Raúl García en la que pudo ser la sentencia del partido. Y, finalmente, el propio Agüero, hacía un túnel precioso para cedérsela a Reyes en la que pudo ser la sentencia del partido. Pero no fue así. El segundo no llegó y el Levante, viéndose con vida, se fue hacia la portería de Leo Franco a lanzar un corner tras otro.
Este asedio en forma de saque de esquina terminó cuando el árbitro por fin escuchó nuestras peticiones y puso el punto final a tanto sufrimiento. Un triunfo sin brillo, no sé si merecido, sinceramente. Tres puntitos a la hucha, que al final, estos cuentan igual que los ganados con más mérito. Un partido sin lesionados, Raúl García sin ver la quinta y a pensar en el Sevilla.
Será cuestión de ser prácticos.