
Fueron los únicos que acabaron contentos con el resultado del partido. Iván y Paula, Paula e Iván nos miraban con extrañeza cuando gritábamos, alzábamos los brazos, nos levantábamos del sillón, increpábamos al árbitro o cantamos los goles.
Iván dice que es de los dos equipos. ¿Se lo pueden imaginar? Primero del Madrid y un poquito menos así – dice juntando los dedos y guiñando sus ojos azules – del Atleti. Hace unas semanas, y previa autorización paterna, que con esas cosas no se juega, le hice socio infantil del Atleti y viene a algunos partidos con mi hija. También es socio del Madrid, no se vayan a pensar, y visita el Bernabéu un par de veces al año. Así que su padre y yo (que cuento con la complicidad de su madre, mi amiga Chusa) tenemos una lucha perpetua por hacer a Iván de nuestro equipo, de la que él, la verdad, pasa olímpicamente.
Paula no. Paula lo tiene clarísimo. Vive rodeada de atléticos. Su abuelo le cantaba el himno desde que era una recién nacida y paradójicamente, el 80% de los niños de su clase, con el profesor a la cabeza, son atléticos como ella. Paula que el año pasado salió llorando de casa de Iván, el día que el Kun Agüero marcó al principio del partido y el Atleti acabó perdiendo, el sábado parecía contenta. Cuando volvíamos a casa de la mano y yo todavía no sabía si estaba orgullosa, decepcionada, cabreada o esperanzada por lo que habíamos visto en la tele. Me apretó la mano fuerte y me dijo bajito que quería que el Atleti empatase. ¿Por qué, hija?, le pregunte extrañada. Porque así nadie se ha disgustado, me contestó cargada de razón.
Me miro en ella y me da un poco de vergüenza ver en lo que me he convertido. Que hoy, con un montón de amigos y compañeros en Liverpool estoy deseando que el Madrid quede fuera de Europa, mejor si es con gol de Torres. Espero que mi hija no herede ese antimadridismo porque eso significara que su Atleti, el que mañana se enfrenta al Oporto, pesa lo suficiente como para fijarse en el resto de equipos.
Iván dice que es de los dos equipos. ¿Se lo pueden imaginar? Primero del Madrid y un poquito menos así – dice juntando los dedos y guiñando sus ojos azules – del Atleti. Hace unas semanas, y previa autorización paterna, que con esas cosas no se juega, le hice socio infantil del Atleti y viene a algunos partidos con mi hija. También es socio del Madrid, no se vayan a pensar, y visita el Bernabéu un par de veces al año. Así que su padre y yo (que cuento con la complicidad de su madre, mi amiga Chusa) tenemos una lucha perpetua por hacer a Iván de nuestro equipo, de la que él, la verdad, pasa olímpicamente.
Paula no. Paula lo tiene clarísimo. Vive rodeada de atléticos. Su abuelo le cantaba el himno desde que era una recién nacida y paradójicamente, el 80% de los niños de su clase, con el profesor a la cabeza, son atléticos como ella. Paula que el año pasado salió llorando de casa de Iván, el día que el Kun Agüero marcó al principio del partido y el Atleti acabó perdiendo, el sábado parecía contenta. Cuando volvíamos a casa de la mano y yo todavía no sabía si estaba orgullosa, decepcionada, cabreada o esperanzada por lo que habíamos visto en la tele. Me apretó la mano fuerte y me dijo bajito que quería que el Atleti empatase. ¿Por qué, hija?, le pregunte extrañada. Porque así nadie se ha disgustado, me contestó cargada de razón.
Me miro en ella y me da un poco de vergüenza ver en lo que me he convertido. Que hoy, con un montón de amigos y compañeros en Liverpool estoy deseando que el Madrid quede fuera de Europa, mejor si es con gol de Torres. Espero que mi hija no herede ese antimadridismo porque eso significara que su Atleti, el que mañana se enfrenta al Oporto, pesa lo suficiente como para fijarse en el resto de equipos.
Y quiero que mañana salte al césped ese Atleti que remontó al Barça y que doblegó al Madrid. Deseo que la mordiente de los dos últimos partidos sea suficiente para ganar al Oporto y solventar la eliminatoria. Sería una fiesta y un orgullo para una hinchada que ya ha tenido demasiados disgustos y, después de todo, Iván viene al fútbol el próximo domingo. Ya saben lo que impresiona nuestra grada de fiesta y orgullosa, ¿no? Pues eso.