
- ¿Es usted bipolar?
- ¿Yo?
- Sí, usted. Deje ya de cambiar de humor que nos va a volver locos a todos.
Me imagino que a ustedes les habrá pasado lo mismo. ¿Cómo en noventa minutos es posible registrar tantos sentimientos diferentes? Bienvenidos a la montaña rusa del Atlético de Madrid. Diversión asegurada.
El equipo acaba con sus enfrentamientos con rivales directos con un bagaje ciertamente preocupante, un punto de doce posibles y muchas incertidumbres en cuanto su sistema y su juego.
- ¿Yo?
- Sí, usted. Deje ya de cambiar de humor que nos va a volver locos a todos.
Me imagino que a ustedes les habrá pasado lo mismo. ¿Cómo en noventa minutos es posible registrar tantos sentimientos diferentes? Bienvenidos a la montaña rusa del Atlético de Madrid. Diversión asegurada.
El equipo acaba con sus enfrentamientos con rivales directos con un bagaje ciertamente preocupante, un punto de doce posibles y muchas incertidumbres en cuanto su sistema y su juego.
Ayer, jugaba en el Madrigal el último de estos encuentros contra un Villarreal que parece que sabe hacer las cosas y que no cambia su sistema de juego gane o pierda, llueva o haga sol.
Sin embargo, este Atleti de las sorpresas se puso por delante en el marcador. Acababa de quitarme la chaqueta y ya me decían los amigos,
- “ya te hemos dicho que no llegases tarde, que te perdías el primero”.
- ¿Otra vez, no jodas?, ¿cómo es posible, han salido con la “caraja”?
- “Que no chica, que ha sido Simao”... madre mía, qué jugador.
Y así, sin comerlo ni beberlo, el portugués (por cada vez que dije que su fichaje me parecía caro, deberían regalarme un disco de Amaral. Qué bocazas soy) con su gol y su asistencia para que Forlán marcase parecía encarrilar un partido del que, sinceramente, y visto lo visto en las últimas jornadas, no esperábamos nada.
Y una se pone a hacer cuentas, tan contenta, entre pistacho y ganchito, con el empate del Valencia y la derrota del Sevilla.
- Échame otra cerveza, que si el Kun sale en el segundo tiempo les metemos cinco y se acaban las dudas.
Pero no, antes del segundo tiempo el Atleti vuelve a hacer una de las suyas y de la sorpresa se pasa a la incredulidad al ver la segunda tarjeta amarilla de Banega, en el momento más inoportuno y en el sitio más innecesario. No me gusta cargar las tintas contra jugadores por sus actuaciones desafortunadas, pero lo de ayer de este jugador, demuestra muchas cosas que ya nos habían dicho la gente que le vio en Valencia. Ya nos parecía raro que un jugador, algo lento, pero con calidad, estuviese en el banquillo del peor Valencia de los últimos años. Ahora empezamos a comprenderlo.
Y aunque llega el descanso, de la incredulidad pasamos a la preocupación. Preocupación porque suponemos que Aguirre no va a mover ficha ya, si acaso hará un par de cambios, pero no alterará el sistema de juego. Nos tememos un “recule” y una defensa que permita mantener los dos goles de diferencia y que, aunque con apuros, nos permita solventar el segundo tiempo.
- ¿Defensa?, ¿has dicho defensa?
- Si, bueno, ya. Defensa: un zurdo que juega de lateral derecho, un lesionado, un juvenil y un...., bueno y Pernía.
- Pues sí, llevas razón. Que feo pinta esto.
Y así llega el cuarteto de goles del Villarreal. Sin despeinarse. Leo que siempre nos desespera porque no bloca un balón, elige blocar en el momento más inoportuno. Un fallo infantil que transforma la preocupación en miedo.
Con Maxi desaparecido, Leo cantando, Banega autoexpulsado... una espera que Aguirre dé una oportunidad a Agüero de defender las virtudes de su patria y elevar un poco el listón argentino. Pero no, el mexicano, como si no fuese con él, realiza cambios que aportan muy poco, supongo yo que dando el partido por perdido.
Y cuando ya el miedo cede el sitio al cabreo, el portugués vuelve a dar una lección de casta – ahora mismo es de lo poquito que ilusiona en este equipo – y con un nuevo gol y una asistencia para que Raúl García firme el empate nos devuelve una media sonrisa a la cara y un suspiro por este punto. Un punto de doce posibles, que nos permite respirar con cierto alivio y mirar con alguna esperanza la bonanza del calendario.
¿Qué les había dicho? Sorpresa, incredulidad, preocupación, miedo, cabreo y alivio. En tan sólo noventa minutos. Bienvenidos a la montaña rusa del Atlético de Madrid.